HISTORIA ONLINE

    Lola Mora

    Lola Mora,  una de nuestras artistas más destacadas, referente de la escultura argentina, nació el 17  de noviembre de 1866, hija de Romualdo Alejandro Mora y Regina Vega, fue registrada bajo el nombre de Dolores Candelaria Mora Vega,  bautizada en Trancas, en la provincia de Tucumán. Lola fue la tercera de siete hermanos: tres varones y cuatro mujeres.

    A muy temprana edad tomó  clases particulares con el maestro De Falcucci - pintor italiano que llegó a  Tucumán en el año 1887- y quien la inició en la pintura, el dibujo y el retrato, de el artista  Lola aprendería el neoclasicismo y el romanticismo italiano, que caracterizó su obra.

     

     

     

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    Rápidamente cobró notoriedad debido a la calidad de su arte y para los festejos del 9 de julio de 1894, Lola dibujó una serie de veinte retratos en carbonilla de gobernadores tucumanos, desde el año 1853  estas carbonillas se conservan en el Museo Nicolás Avellaneda de la provincia de Tucumán.  

    Lola Mora ya se había convertido en una celebridad en Tucumán cuando  el presidente José Evaristo Uriburu le concedió una subvención para que perfeccione sus estudios de pintura en Europa.  Allí asistió al taller de Francesco Paolo Michetti y estudió con el escultor Costantino Barbella y el prestigioso Giulio Monteverde, reconocido autor de monumentos funerarios y conmemorativos, quien al observar su rápido progreso le aconsejó dedicarse exclusivamente a la escultura y así la artista abandonó la pintura para siempre.

    Lola se insertó naturalmente en los círculos artísticos y culturales de Roma, donde fue muy respetada. Regresó a la Argentina en el año 1.900, con una reputación ganada. El Gobierno tucumano le encargó una estatua de uno de sus hijos más notables: Juan Bautista Alberdi, acordó con Salta la fundición de estatuas y relieves conmemorativos para el Monumento del 20 de Febrero y ella ofreció a la municipalidad porteña su obra más reconocida: la Fuente de las Nereidas.

    Aceptada la oferta, se eligió la Plaza de Mayo como destino de esta obra, aunque ese emplazamiento inicial sería muy discutido una vez conocido y aprobado el boceto de la fuente, cuya temática mitológica y sus numerosos desnudos, no parecen haberse considerado adecuados para ser instalados en cercanías a la Catedral. 
    Una vez descubiertas las estatuas desnudas que conformaban Las Nereidas, estalló el escándalo. La bella fuente se inauguró el 21 de mayo de 1903, en presencia de una multitud que, curiosa, quería contemplarla, pero no fue bien recibida por la sociedad de la época y en Diciembre de 1918, el grupo escultórico fue trasladado al sur de la ciudad (Costanera Sur) donde permanece.
    También en este periodo, recibió el encargo de esculpir una estatua de la reina Victoria y la del Zar Alejandro I en San Petersburgo. Sin embargo, rechazó estos encargos, porque debía adoptar la ciudadanía británica o rusa, respectivamente. Desde el Gobierno Nacional se le encomendó un busto del presidente Julio Roca, una estatua de Aristóbulo del Valle, una alegoría de la independencia, dos sobrerrelieves para la Casa Histórica de la Independencia en Tucumán, que representan los sucesos del 25 de mayo de 1810 y del 9 de julio de 1816  y cuatro estatuas para decorar el nuevo edificio del Congreso Nacional; que representarían a los presidentes más célebres de los congresos argentinos históricos.
    El 22 de junio de 1909, a los cuarenta y dos años, Lola contrajo matrimonio con Luis Hernández Otero. A partir de 1910 declinó su carrera. Incumplimientos contractuales de sus proveedores la llevaron a endeudarse y a hipotecar su atelier de Roma. 
    10 años después, Lola abandonó, decepcionada, la escultura y se volcó a las nuevas tecnologías; se transformó en la primera emprendedora argentina. Impulsó el dispositivo llamado cinematografía a la luz, que permitía ver cine sin necesidad de oscurecer una sala. Pero no tuvo éxito comercial.

    Desahuciada y con su salud deteriorada, en 1932 retornó a Buenos Aires, bajo el cuidado de sus sobrinas.  El 17 de agosto sufrió un ataque cerebral que la dejó postrada hasta el 7 de junio de 1936, cuando falleció, a los sesenta y nueve años.
    Sus restos se trasladaron desde el Cementerio de la Chacarita hacia Tucumán en 1977.

    Y en el cementerio del Oeste descansa, en el campo santo más antiguo de San Miguel de Tucumán.

    En su memoria, por Ley 25.003/98,  se instituyó el día 17 de noviembre: "Día Nacional del Escultor y las Artes Plásticas".

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                           V.Senra.                                                                                      

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